Sistémica y relacional
No vivimos aislados: nuestras dificultades, por muy personales que parezcan, casi siempre están conectadas con las relaciones, los contextos y los vínculos que forman parte de nuestra historia. El enfoque sistémico y relacional pone el foco precisamente ahí.
¿Qué significa mirar desde lo relacional?
En lugar de entender el malestar como algo que "está mal en ti" de forma aislada, esta mirada tiene en cuenta el sistema completo en el que has crecido y en el que vives ahora: familia, pareja, amistades, entorno laboral. Muchas veces, ciertos patrones que repetimos sin darnos cuenta —en cómo nos relacionamos, en qué toleramos, en qué evitamos— tienen su origen en dinámicas que aprendimos mucho antes de poder decidir sobre ellas.
¿Para qué situaciones puede ser útil?
- Dificultades recurrentes en las relaciones de pareja, familia o amistad.
- Sensación de repetir siempre el mismo tipo de conflicto o de vínculo.
- Problemas para poner límites o para sentirte escuchado en tus relaciones.
- Malestar que aparece o se intensifica especialmente en contextos relacionales concretos.
¿Cómo es una sesión?
Trabajamos juntas para identificar esos patrones: de dónde vienen, qué función cumplían en su momento y cómo se están manifestando hoy en tus relaciones actuales. No hace falta que la otra persona esté presente en la sesión: el trabajo se centra en cómo tú te relacionas, qué necesitas y qué puedes empezar a hacer diferente, aunque el cambio también repercuta, de forma natural, en cómo te relacionas con los demás.
Muchas heridas que se producen en relación también necesitan de la relación para sanar.
Un enfoque transversal
La mirada sistémica y relacional atraviesa buena parte de mi forma de trabajar, y suele combinarse de manera natural con EMDR o IFS cuando el origen del malestar tiene un fuerte componente vincular.