Quizá eres la persona a la que todos acuden, la que siempre está, la que no molesta. Y, a la vez, sientes cansancio, rabia contenida o la sensación de que tus necesidades no cuentan. Cuando intentas poner un límite aparece la culpa, y muchas veces terminas cediendo.
¿Te pasa algo de esto?
- Te sientes culpable al descansar, al priorizarte o al decir que no.
- Te cuesta pedir lo que necesitas.
- Te responsabilizas del bienestar de los demás.
- Evitas conflictos aunque te perjudiquen.
- Sientes vergüenza de partes de ti o de tu historia.
- Acumulas malestar hasta que explotas y luego te sientes peor.
De dónde vienen la culpa y la dificultad para poner límites
Muchas veces aprendimos muy pronto que para que nos quisieran teníamos que ser buenos, no dar problemas o cuidar de otros. Esa estrategia tuvo sentido en su momento; hoy, quizá, te está costando demasiado.
En terapia miramos esa historia con cariño. Con el modelo IFS conocemos la parte de ti que se siente culpable y la que no se atreve a poner límites, y entendemos qué intentan proteger. Con la mirada sistémica vemos qué lugar ocupas en tus relaciones y qué se mueve cuando intentas cambiarlo.
Cómo trabajamos
- Diferenciar la culpa que te informa de la culpa que te castiga.
- Escuchar la vergüenza sin juicio, para que deje de dirigir desde la sombra.
- Conectar con tus necesidades y darles un lugar legítimo.
- Practicar límites concretos en tu día a día, a tu ritmo.
Un espacio donde no tengas que demostrar nada para merecer estar.
Presencial en Bilbao u online
Puedes hacer las sesiones en la consulta de Abando o por videollamada. La dificultad para poner límites suele ir de la mano de la autoexigencia y de la dependencia emocional; si te reconoces en varias, las trabajamos en conjunto.