¿Qué lo hace diferente?
Muchas veces sabemos racionalmente que “eso ya pasó”, pero el cuerpo y las emociones no lo han terminado de asimilar. El EMDR trabaja precisamente ahí: en cómo el cerebro almacena los recuerdos difíciles.
A través de estimulación bilateral (habitualmente movimientos oculares), ayuda a que esa información se procese de una forma más integrada, reduciendo la intensidad emocional asociada.
¿Para qué situaciones puede ser útil?
- Experiencias traumáticas, ya sean puntuales o mantenidas en el tiempo.
- Recuerdos que siguen “activándose” en el presente sin que puedas controlarlo.
- Bloqueos emocionales que no terminas de entender de dónde vienen.
- Malestar físico o emocional recurrente vinculado a un momento concreto de tu historia.
También lo utilizo, cuando encaja, en procesos de ansiedad y de duelo.
¿Cómo es una sesión?
No hace falta que llegues sabiendo exactamente qué recuerdo quieres trabajar. Antes de utilizar EMDR, dedicamos el tiempo necesario a conocernos, entender tu historia y preparar el terreno con calma.
El proceso avanza a tu ritmo: nunca se trata de “revivir” el suceso, sino de acompañarte mientras el cerebro hace su propio trabajo de reprocesamiento, con las herramientas y la contención necesarias en todo momento.
No necesitas estar preparado para hablar de ello. Solo necesitas estar dispuesto a intentarlo, al ritmo que te sea posible.
Formación
Tengo formación específica en EMDR, nivel I y II, y lo integro dentro de un enfoque más amplio —trauma y apego, IFS, mirada sistémica— adaptándolo siempre a lo que cada persona necesita.